Como Cai Cai y Ten Ten, como Caín y Abel, nos gusta pasar agarra’os del moño. Si la siembra no es de aquél que es de mi lado, entonces le arrancamos los retoños.
Patriotas y liberales, pipiolos y pelucones, o’higginistas y carreristas, nunca estaremos conformes. Fachos y upelientos, cuando vamos a dejar esta absurda trifulca del tangananica y el tangananá.
Los muertos nos siguen en la sangre, sembrando en su simiente la memoria, para que perdonamos el pasado, y liberemos al viento sus historias.
Suelta, suelta, suelta, déjalo ir. No porfíes más en resistir. Para poder sanar hay que resignificar. Las venas abiertas nunca cerrarán si cuando hay cicatrices no las paran de arrancar. Despierten pero que sea de verdad, el que mira para atrás se va a convertir en sal, dulce patria es tu cielo azulado, mil tiranos tu campo deshojó, si no nos tomáramos las manos, ellos habrán ganado y será por la fuerza y no la razón.
Los muertos nos siguen en la sangre, sembrando en su simiente la memoria, para que al fin sabemos el pasado, y liberemos al viento, y liberemos al viento, y liberemos al viento sus historias.