Te traigo una historia muy bella
que vengo a contar bajo de las estrellas,
y que en realidad, sin rodeos, sin más,
es particular, personal, especial…
Te cuento que cuando fuí al cerro,
me llevé conmigo un pequeño sueño,
se lo contaba al viento, mientras caminaba,
y las flores atentas también lo escuchaban…
Y la vida tan loca que es,
me dió una sorpresa que no imaginé,
yo no sabía que te necesitaba,
y te envió a mi camino aquella mañana…
Hijo, mi niño del aire,
mi vientre ocupaste,
y latiste dentro, muy dentro,
y me diste luz…
Hijo, sonrisa de hoyuelos,
que exploras la vida,
y con tus ojitos devuelves la paz
en mi…
Y cuando llegamos arriba,
frente a los glaciares, me contó la cima
que se venía duro, con altos y bajos,
pero que juntos y con un abrazo…
Nunca nada nos derrivaría,
tu eres pura inocencia, y pura alegría,
las aguas te guiarán en adelante,
y el suelo te sostendrá pa’ que descanses…
Y la vida tan loca que es,
me dió una sorpresa que yo no esperé,
y te amé aún sin verte, y sin conocerte,
y prometo hacerlo desde y para siempre…
Hijo, mi niño del aire,
mi vientre ocupaste,
y latiste dentro, muy dentro,
y me diste luz…
Hijo, sonrisa de hoyuelos,
que exploras la vida,
y con tus ojitos devuelves la paz
en mi…
Desde entonces mi único anhelo,
es que la vida me alcance, pa contarte esto,
cantarte esta bella cancioncita e’ cuna,
mientras te arrullo y te arropo en tu cuna…